Gracias a Yovanni Valdivia por el video.
“Hasta aquí llegué. No te esperaré más. No sé qué me espera en el futuro, pero de algo estoy segura… tu no estás en el”
¿Cuántas veces hemos dicho adiós y nuestro adiós se ha esfumado en un beso, una caricia, una mirada manipuladora, bonitas palabras o en la nada? ¿Cuántas veces dijimos hasta aquí y llegamos hasta más allá? ¿Cuántas veces quisimos cortar una relación y solo conseguimos rompernos a nosotras mismas? ¿Cuántas veces pusimos el punto final por fuera mientras por dentro teníamos un punto seguido? pensando, recordando, anhelando, extrañando, tratando olvidar, queriendo regresar… tomándonos café tras café con el pasado.
No existe una universidad de la vida, tampoco una universidad del amor y menos, una universidad del adiós. A la hora de vivir queremos morirnos, a la hora de amar queremos olvidar y a la hora del adiós, volvemos a decir “hola”. Nuestro adiós se escucha pero nunca se ve. Creemos que nuestro adiós amenaza, asusta y hará reaccionar pero solo termina asustándonos a nosotras. ¿En qué momento nos convertimos en “perro que ladra no muerde”? ¿Cómo sucedió?
El adiós verdadero no es el que suena… es el que se ve.
Un punto final es suficiente para terminar con una historia. Dos puntos finales serían ridículos. ¿Y tres? Cuidado. Eso ya es un “Continuará…”
Duele decir adiós, duele si es que realmente hemos amado. Duele si después creemos que no era el momento adecuado. Ahora ¿tendrá un momento adecuado? Creo que sí. Todos tenemos 2 límites, un límite sano y el siguiente límite enfermo. El primer límite es cuando nuestro sexto sentido de mujer en complot con nuestro cerebro nos dice “las cosas está mal, es mejor cortarlas antes que se pongan peor”.
Cuando pasamos ese límite y nuestro corazón quiere arriesgarlo todo, hasta el final, nuestro lado histérico e irracional toma parte y ya empezamos a hacer sonseras por seguir con una relación que solo nos está haciendo daño. Nos tiramos a una piscina sin agua. Vemos lo que queremos ver, traducimos el silencio a nuestra manera, buscamos indirectas cuando tenemos servida en bandeja de plata una sola directa… “ya párala”.
Aquí, en este kilómetro de la relación, es cuando nuestros valores se ven afectados. Llegamos a un límite enfermo donde tendrá que suceder algo muy feo para que uno de los dos masoquistas se anime a decir adiós. Un adiós de esos que no son puntos finales en el libro de nuestra vida, sino arrancadas de hoja.
Es bonito arriesgar todo lo que tenemos, siempre y cuando no arriesguemos a la que lo tiene todo, a nosotras.
Tú decides cuando decir adiós. La mayoría de personas alguna vez conocimos nuestro límite enfermo y está bien, siempre y cuando no se convierta en nuestro hogar, en nuestro estilo de vida.
Debemos ser mujeres de palabra. Lo que decimos es. El hombre pesa a la mujer por el valor de sus palabras. Examínate, cuando dices no ¿es no?
Solo cuando aprendemos a decir NO, nuestros SI toman valor. Sugiere, no provoques.
Graba estas palabras y practícalas frente al espejo con mucha certeza:
¡No! ya te dije que no, punto. (Mirando tranquila a los ojos de la otra persona. Puedes medio sonreir con un poco de amabilidad pero siempre segura de lo que dices)
Si tu sapo sigue insistiendo, no digas mas y saca tu segunda arma, las miradas de "ya dije que no ¿vas a seguir?" si sigue, media vuelta, te vas, lo dejas... el habrá aprendido la lección.Como Dios, tu y tus palabras son una. Las mejores aliadas.
Aprendamos a hacer lo que decimos. Muchas veces, ni siquiera va a ser necesario que lo digamos, simplemente si queremos o si vemos que es lo mejor para nosotros, ¡hagámoslo! No avisemos para hacer un embargo, no demos tiempo al otro para reaccionar, no esperes una reacción, no lo hagamos para amenazar. Un adiós no es un forzante, un adiós es un punto final. Por nosotras .
Seamos perros que ladran y muerden o simplemente que no ladran pero que si muerden.
Hay piedras con las que no podemos volver a tropezar: Sufrir por alguien, llorar hasta deshidratarnos por alguien, humillarnos, hacernos daño, perder la brújula, sentir que el mundo se acaba.
No permitas que esto se convierta en un estilo de vida. Mujer que se ama, mujer que se respeta, mujer todo terreno no se pierde a si misma por encontrar al “supuesto” sapo de su vida. Si tienes que poner punto final, ponlo, date media vuelta y no regreses más.
Decirle “adiós” a un hombre, es ver a muchos diciéndote “hola” ;)
TWEET de la semana super #TRUE
La verdad es difícil de tragar cuando te estás ahogando en tu orgullo.



